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La climatología adversa ha mermado la capacidad de carga de los olivos, que han sufrido una de las primaveras más secas de los últimos diez años así como el verano más calurosos de la historia reciente. Es por ello por lo que las previsiones para la inmiente campaña son a la baja. Desde la Asosciación de Jóvenes Agricultores (Asaja) de Córdoba se estima que la cosecha podría rondar las 200.000 toneladas de aceite.

De cumplirse estas previsiones, la producción sería casi un 25 por ciento superior a la registrada la temporada pasada -un año terrible para el olivar- cuando se molturaron 161.000 toneladas.

De nuevo, la climatología será decisiva en la recta final de año. Pese a que los olivos sufren estrés hídrico, todavía tienen capacidad de mejora y las lluvias de los últimos días, de continuar y ser constantes, siempre y cuando no sean torrenciales, dañen el fruto y dificulten su recolección, pueden elevar al alza las previsiones. No obstante, la opinión generalizada del sector es la de una cosecha media.

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